Cuidar al cuidador: Por una relación de Calidad

08/11/2018

Cuidar es ocuparse del otro, una actitud innata en el ser humano que nos ha llevado siempre a ser mejores y a evolucionar como especie. Desde que nacemos tenemos a alguien a nuestro lado que se encarga de todas nuestras necesidades y, con el paso de los años, vamos siendo conscientes de que somos nosotros quienes debemos coger el relevo para estar cerca de quienes nos necesitan.

Nuestro estilo de vida, las prisas y el ocupar demasiado tiempo pensando en nuestros problemas son algunos de los grandes enemigos en nuestra vida diaria, aquellos que nos impiden prestar más atención a lo que ocurre a nuestro alrededor. Escuchar a un amigo, conversar con la pareja o preocuparnos por el día a día de nuestros padres e hijos es un lujo que no podemos desperdiciar. Quién sabe si mañana será demasiado tarde para hacerlo. Y recordad que cuidar siempre es fruto de una decisión, no de una obligación.

Cuidar de otros es cuidar antes de nosotros mismos

Cualquiera que haya tenido que estar al cargo de una persona con necesidades especiales o con algún tipo de enfermedad es consciente de lo exigente tanto en lo físico como en lo emocional que supone hacerlo. Ofrecer una actitud positiva, calidad de vida y felicidad a una persona dependiente, incluso en los peores días, es algo que puede provocar dificultades en la gestión de las emociones y cierto desgaste físico y mental. Es por ello que debemos resaltar la importancia del autocontrol y de la resiliencia ante este tipo circunstancias.

El cuidador tiene que promover una buena actitud y predisposición en sí mismo, antes incluso de poder hacerlo con la persona a su cargo. De esta manera es posible hacer frente de manera efectiva a los cambios y circunstancias que se le puedan presentar. Los niveles de ansiedad e inseguridad que se viven con la incertidumbre de un familiar enfermo son contrarrestables con dos pilares fundamentales: el ánimo y la motivación.

Decir “No” sin miedo y cuando sea necesario

La autoestima del cuidador también debe alimentarse. Y es ahí donde el enfermo juega también un papel importante en el cariño y la comprensión, sin caer en la manipulación o el victimismo. Pero el cuidador, por su parte, también tiene en su mano el poder de pintar líneas rojas, en beneficio de una relación afectuosa que fluya entre ambas partes. El tiempo compartido y afrontar juntos los obstáculos de la enfermedad fortalecen la complicidad entre uno y otro, pero es importante que el exceso de confianza no termine en exceso de responsabilidades.

Nadie tiene el poder de curar, por lo que el enfermo debe aceptar que la persona a su lado no es responsable de lo que le ocurre, pero tampoco siervo en sus exigencias. Simplemente es alguien que, por propia voluntad, ha decidido acompañarle, atenderle y animarle en su lucha. Aprender a decir “no” cuando convenga es una condición que debe de afrontarse sin miedo ni aprensión.

Vivir nuestra vida y cuidar de alguien es compatible

Asumir el rol de cuidador no es, en ningún caso, una obligación, como hemos dicho anteriormente. Los objetivos personales de cada uno no pueden verse impedidos por esta circunstancia, pues en tal caso el desgaste emocional del que hemos hablado es inevitable. Cada persona tiene sus propias necesidades, y si las del cuidador no están satisfechas, difícilmente podrá satisfacer las del enfermo. El ocio, el trabajo y los momentos para uno son indispensables para poder compaginar de forma equilibrada tu vida y la de la persona a tu cargo, y eso es algo que ambos deben saber.

Es realmente importante que el cuidador mantenga su calidad de vida y salud, sintiendo en ocasiones el apoyo de un tercero que le ayude a gestionar todos los pensamientos que fluyen por su mente. Pedir ayuda a familia, amigos o, incluso, a tu psicólogo, puede ser una vía que mejore nuestra vida y, en consecuencia, la del enfermo. La paciencia, la flexibilidad, el afecto y la capacidad de adaptación son habilidades que el cuidador debe cultivar, pero también ver reforzadas por las personas a su cargo, pues contribuyen así a que la relación sea sana y de calidad.

Para aquellos de ustedes que quieran profundizar en el tema, o se hallen inmersos en el papel de cuidador, me permito recomendarles la lectura del libro “La soledad del cuidador” del eminente psicólogo y buen amigo D. Vicente Prieto.

Articulo del Dr. Carlos Rodríguez Méndez